sábado, 6 de octubre de 2012

Stanley Roberts: "Llevo 7 años limpio de drogas"

Fotón de Gigantes del Basket, como casi siempre.
Stanley Roberts, aquella mole que dejó sensaciones contrapuestas durante la temporada 90-91 en el Real Madrid, es uno de esos casos de talento desperdiciado por los errores propios. Con ese corpachón (2,15) no exento de calidad debería haber jugado algo más que 300 partidos en la NBA, de la que fue expulsado en 1999 por violar el programa antidrogas.
Sonriente en Madrid.

Infierno, pese al dinero ganado y el lujo que le proporcionó durante una época el baloncesto profesional. "Llevo siete años limpio", me asegura desde su cuenta de Facebook. Vive en Baton Rouge (Lousiana), intentando llevar una vida normal. El dinero se esfumó entre unas cosas y otras y ha sido vigilante de seguridad y vendedor de coches, por poner dos ejemplos. Como tantos otros, abandonó la universidad para dar el salto al profesionalismo --coincidió con Mike Hansen  y Shaquille O'Neal en LSU-- y ahora ha vuelto a ella para completar su carrera.

Desde luego, ni ha buscado la suerte ni parece que la tenga. A principios de agosto fue operado del corazón, sometido a un triple 'bypass'. Una semana después, su hijo, de 15 años, sufrió una parada cardíaca mientras jugaba al baloncesto (de 3 a 5 minutos), aunque se recupera favorablemente.

El tiempo de Roberts en el Madrid fue una versión reducida de lo que sería posteriormente su carrera: mucha expectativas sin cumplir, aunque destellos de un enorme potencial. Pese a que era gigantesco, no le faltaba ni rapidez ni un buen toque final. Si se le conseguía hacer llegar el balón debajo del aro, los tableros temblaban. Pero a menudo desaparecía de los partidos y su comportamiento fue poco profesional, acumulando multa tras multa (hasta 150.000 dólares, parece).

Tiempo en la NBA con los Clippers.
Fue un caso raro. Acabó en el Palacio de los Deportes como transición entre la NCAA y la NBA (Orlando le escogió en primera ronda), así es que su inmadurez era tremenda. "Los fans fueron lo mejor del tiempo que estuve allí", me escribe. Todo lo demás lo recuerda sin especial entusiasmo: era su primera experiencia profesional, muy poco parecida al ambiente del basket universitario. "Desde luego, todo fue distinto a lo que había conocido".

'Pequeña cicatriz'
tras un triple 'bypass'
11.8 puntos y 8.8 rebotes. Poco para un equipo deprimido tras la muerte en el banquillo de Ignacio Pinedo y que necesitaba desesperadamente la referencia que encontró poco después con Arvydas Sabonis. Aquel Madrid sufrió el estigma de quedar eliminado por primera vez en la historia en cuartos de final (0-2 contra el Taugrés) y finalizó en la quinta plaza, la peor del siglo XX igualada con la de la 95-96. También perdió la final de la Korac ante el Clear Cantú. El otro extranjero era Carl Herrera, unos años después campeón de la NBA con los Houston Rockets y que tampoco brilló especialmente.

Después llegó su década de vaivenes en la NBA, más bien decreciente en cuanto a números (los dos primeros años superó los 10 puntos y 6 rebotes de promedio, algo que no repetiría), buscando su sitio entre Orlando, Clippers, Minnesota, Houston y Philadelphia, cuando dio positivo. Tuvo un paréntesis europeo en el Aris (98-99) y un intento posterior de regreso en Toronto, pero sin éxito. La suspensión por dos años por el uso de drogas se extendió a tres porque en ese tiempo fue arrestado por posesión de cocaína.

No parece tener mala pinta ahora, ¿verdad?
"Me encantaba el juego, pero no me gustaba todo lo que había alrededor", dice en un interesante reportaje de la revista Slam sobre su historia profesional y personal. Es de hace un par de años y podéis consultarlo para saber más de él. Espero que le vaya bien.

ACTUALIZACIÓN: Os dejo con un vídeo de sus mates en la NBA.


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