martes, 11 de septiembre de 2012

Santi Aldama: Esperanza olímpica de 2,13



Sonriente con el CAI Zaragoza.
El de Santi Aldama fue el típico caso en el que unas expectativas desmesuradas no se pueden cumplir. El motivo es que, a finales de los 80 y principios de los 90, el basket español buscaba desesperadamente su nuevo Fernando Romay. Lo acabaría encontrando --y mejorando-- en Roberto Dueñas, pero antes hubo más de un candidato que se quedó en el camino.

Santi, nacido en Quel (La Rioja), acabaría midiendo 2,13, lo mismo que Romay. Según cuenta, hasta los 13 años no tuvo ningún contacto con el baloncesto. "Jugué en mi pueblo en la categoría juvenil de la mano de José Luis Rodríguez, un profesor de la EGB que no se conformaba con dar clases en la escuela de Quel, sino que se involucró con los jóvenes del pueblo, especialmente con el baloncesto... deporte que amaba y sigue amando", recuerda.

Esa aventura de los 13 años duraría muy poco. Se rompió un dedo en uno de los partidos y no volvió a pisar una cancha de baloncesto hasta aproximadamente tres años después en el CAI Zaragoza. "Fui a la 'Operación Altura' y cuando hicieron un estudio sobre la previsión de crecimiento que iba a tener, dijo que podía alcanzar 2,14. A partir de este momento, comenzó una maratón de trabajo en la que un buen número de entrenadores del club se involucraron para trabajar conmigo. Les estoy muy agradecido a cada uno de ellos. El primer año (era juvenil de último año) no jugué partidos oficiales. Todo fue preparación física, técnica individual, trabajo táctico y una dieta para intentar coger algunos kilitos que me hacían mucha falta. En mi segundo año comencé a jugar con el equipo junior y con el equipo llamado “Técnicos”, que me sirvió para acumular minutos de juego y para endurecer el espíritu", añade.
Marcado por Stojko Vrankovic en uno de
sus 10 partidos internacionales.

En el tercero ya logró compaginar el junior con el equipo de ACB, con el que logró debutar en la temporada 87-88 con apenas 20 años. Era la gran esperanza del club, que por entonces se convertía en alternativa de poder para los dos 'grandes' y el Joventut. Añadir un pívot español de tal envergadura a un elenco de nacionales y extranjeros cada vez más fuerte era tentador.

Sin embargo, había un halo de precipitación en todo. "Viendo estos hechos con la perspectiva de los años, no deja de ser curioso que en tan solo tres años pasara de no saber botar el balón a jugar en la ACB", asume el propio Santi.

Con una fructífera cesión al Huesca de por medio, totalizó seis temporadas en el CAI, a medio camino entre el puesto de tercer pívot y el de cuarto. El 'highlight' (paradójico) de su carrera fue ser seleccionado para los Juegos Olímpicos de Barcelona. Romay estaba lesionado y Antonio Díaz Miguel pensó en él como intimidador, pero no fue una competición grata de recordar con el 'Angolazo' como momento traumático. Aldama jugó muy poquito, con 1,8 puntos y 1,3 rebotes de promedio. No regresó al equipo nacional.

De todos modos, su envergadura le sirvió para jugar 227 partidos en la máxima categoría, una cifra bastante alta. Promedió 3,6 puntos, 2,5 rebotes y 0,9 tapones en 14 minutos. Y puede presumir de haber ganado la Copa del Rey de la 89-90 en aquel CAI de Mark Davis, Belostenny, los Arcega, Zapata...

En la fila de arriba, entre Belostenny y Mark Davis, recibido por el Rey tras ganar la Copa del 90.
Hoy en día vive en la isla de Gran Canaria, su último equipo ACB en la 96-97, aunque apuraría unos años más de baloncesto en Zaragoza con el Helios (en Segunda y EBA) y apuraría tres añitos en LEB con Drac Inca (2000-01) y Ourense (2001-02 y 2002-03). Actualmente es entrenador del Juventud Telde y trabaja como director de proyectos en la empresa formacioncorporativa.com

Con uno de los equipos de niños a los que entrena.
"Puedo decir que el baloncesto cambió mi vida radicalmente. Todo lo vivido en los 18 años dedicados a este deporte me han servido para conocer  gran parte del mundo, vivir grandes momentos y conocer a personas formidables. El hecho de vivir hoy en Gran Canaria y tener la familia que tengo se lo debo al baloncesto y solo con eso ya ha merecido la pena", concluye.

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