jueves, 6 de septiembre de 2012

Paco García: Del Ramiro a los remaches

En su última temporada en Estudiantes, la 97-98 (Gigantes).

El Estudiantes mima la cantera. Esto es una obviedad. Cuando hace no mucho estuve paseando por primera vez en mi vida por el Magariños y el Colegio Ramiro de Maeztu sólo se me ocurría ese tópico de "aquí se respira baloncesto". Allí creció y aprendió a meter canastas un niño de un barrio no precisamente pijo como el de Prosperidad, bastante cercano. Para que luego piensen algunos --y esto sí que es un tópico equivocado-- que al Ramiro sólo van los niños guays de Serrano. Estoy hablando de Paco García.

Como tantos otros, García tuvo la oportunidad de debutar en ACB en el equipo de sus sueños infantiles. Eso siempre le quedará ahí, por mucho que ese proyecto de base de élite no llegase a solidificar. Fueron 63 partidos en cuatro temporadas distintas como estudiantil (93-94, 95-96, 96-97 y 97-98), con algunos momentos llamativos. Pero no lo suficiente para una exigencia alta. Los siete encuentros que disputó con el Cáceres en la 98-99 fueron sus últimos en ACB. Y eso que por entonces solamente tenía 24 años.

Remando, hace poco.
Quizás le recordéis. Era un base bastante alto (1,90) y, esto es una apreciación personal, no cumplía el arquetipo de director de juego genial e imprevisible de la casa, digamos Azofra. Quizás la comparación con 'Nacho-cho' acaba arruinando a todos los que de allí salieron en los últimos 20 años, ¿verdad? Paco García era serio, ordenado, no se metía en jaleos, no miraba compulsivamente el aro. Tras salir del Estudiantes, no eligió bien al ir a Cáceres, que contaba con otros dos bases de nivel como Pepe Arcega y Juanjo Bernabé. No acabaría la campaña para marcharse al Badajoz de LEB, una competición en la que los siguientes años se ganó la vida decentemente (Murcia, Los Barrios, Complutense, La Palma).

Sin embargo, tenía 30 años y parecía claro que no volvería a jugar con los mejores. Tomó la dura decisión de retirarse. "Mi padre se jubilaba y era una buena oportunidad el poder seguir con la empresa familiar dedicada a la fijación industrial (remaches). Ahora mismo no es un buen momento para el sector pero creo que fue una decisión acertada", me escribe, orgulloso del reciente nacimiento de una "preciosa niña", según cuenta. Sigue viviendo en Prosperidad, con un ojo puesto en lo que sucede en el Estudiantes. Hay amores que nunca se olvidan.

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