martes, 28 de agosto de 2012

Jerrod Mustaf: Un maravilloso díscolo

En Andorra. Inquietante mirada.

Tipos difíciles. Siempre nos encantan porque, detrás de esos caracteres irascibles, suelen esconder mucho talento. En la ACB hemos tenido unos cuantos de esos, tanto españoles como extranjeros. De estos últimos, uno de los más significativos es Jerrod Mustaf.

Se trataba, quién lo duda, de un jugadorazo. Un 2,08 que se movía como un felino en la posición de '4', haciendo mucho daño con un primer paso terrible y viendo el aro como una auténtica piscina. No fácilmente se consigue ser primera ronda del draft (el 17 de 1990 escogido por los Knicks), aunque luego las expectativas que levantó su etapa universitaria no se cumplieron en la NBA. En cuatro años entre Nueva York y Phoenix se quedó en 4 puntos y 1,7 rebotes en 10,6 minutos.

En este caso la salida natural suele ser Europa, aunque la suerte no le acompañó y su desembarco en el Paok de Salónica se saldó con una grave lesión. Que bajase por ello su caché permitió entonces que, en la 95-96, el entonces ambicioso Andorra apostase por su fichaje.

Lo que ocurrió entonces sacó lo peor del carácter extraño de Mustaf: disputó los 7 primeros partidos de la temporada a un enorme nivel (20 puntos y 8 rebotes de promedio), pero exigió entonces acudir a una concentración de musulmanes afroamericanos en Washington y no contó con el permiso del que entonces era su entrenador, Edu Torres. ¿La solución? Se largó y no volvió a jugar más con el equipo. Acabó la campaña en el Estrasburgo.

Pugnando con la posición con Alfonso Reyes (Gigantes).
Como buen entrenador (todos se creen con poder para conseguirlo), Aíto García Reneses pensó, la siguiente campaña, que él podía 'meterle en vereda'. Lo fichó iniciada la temporada y los resultados fueron muy positivos: campeón liguero con Mustaf en un papel más secundario que en Andorra, aunque también importante.14 puntos y 7 rebotes en un equipo como el azulgrana son números muy a tener en cuenta. Además, fue, con 18 'chinos', el máximo anotador del quinto y definitivo partido de la final, en pista del Real Madrid.

La siguiente campaña estuvo más irregular y en similares minutos bajó sus promedios a 12 y 6. En los 'playoffs' de semifinales ante el Tau se mostró especialmente flojo. El Barça fue eliminado y él no volvería a jugar en España. El resto de su carrera se desarrolló entre Francia, Polonia y Turquía, donde tuvo un final deshonroso en el 2001 tras ser cortado en el  Altay Izmir tras solo tres partidos.



Foto oficial en Take Charge Juvenile
Diversion Program.
Cuando le escribí a su Facebook me respondió muy amable, pero evitó rápidamente la cuestión de lo sucedido en Andorra. "Mis dos experiencias en España fueron completamente diferentes. Barcelona es de lejos mi ciudad favorita fuera de Estados Unidos y también es mi equipo favorito. Pienso que Aíto fue un entrenador soberbio que supo envolver y convencer al equipo de cómo convertirse en cada vez mejor. Nuestro título en 1997 en las finales contra el Madrid será algo que siempre conservaré".

¿Y el presente? Vive en Mitchellville (Maryland) y está, parece, muy ocupado. "Presido una entidad benéfica que se llama Take Charge Juvenile Diversion Program. Ofrecemos a los jóvenes y a sus familias prevención ante los posibles problemas y ayuda si los tienen". No es lo único en lo que está metido: su otro proyecto estrella es la Street Basketball Association, de la que es comisionado. "También llevo a un grupo de jugadores americanos profesionales de streetball en las islas Reunión, donde juegan exhibiciones", apostilla.

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